sábado, 7 de agosto de 2010

queens of the night

no vale deprimirse, ni dejar que baje la autoestima, ni decir que nada nos queda bien. hoy somos las diosas del olimpo, no importa cómo nos veamos. lo que vale es la actitud.
(once you party with us you'll be falling in love)

viernes, 6 de agosto de 2010

modorra




hay que subir y bajar las montañas rusas de la vida. aprovechar la adrenalina. soñar un poco. googlear planes. jugársela. tomar vodka de sabores. enloquecer. vestirse como una potra y encarar la noche. y a veces, hay que dormir la siesta toda la tarde. ir a ver una peli con amigos. salir a caminar con papá. comer mucho helado de dulce de leche de la heladería martí. hacer panchos a la parrilla. abrazar a mi gato hasta que me da alergia. terminar de leer un libro a las siete de la mañana.

perdón blog, si te moriste de hambre estos días. estoy en la etapa perezosa de la montaña rusa, esa en que el carrito sube lentamente, ni siquiera por su propia fuerza, hasta un lugar desde el que se lanza al vacío a toda velocidad. ya vendrán tiempos mejores, para ti: días en que no te tenga como una mascota olvidada. para mí son tiempos bastante buenos porque prometen proyectos, y a la vez, están sumamente amodorrados en este invierno montevideano que invita a meterse en la cama, a caminar con música y guantes, a un chocolate caliente y esas charlas tranquilas, de las que abrigan el alma.

martes, 3 de agosto de 2010

geniales ideas de la infancia




como soy la mayor de tres hermanas (y nos llevamos tres años y medio entre la más chica y yo), digamos de que niñas las ideas eran generalmente impuestas por mí. y a veces tenía unos destellos de brillantez que realmente eran dignas de una pequeña genia, y a veces no. lo malo, es que generalmente lograba convencer (u obligaba) a mis hermanas a que me ayudaran a llevarlas a cabo.

varias de esas maravillosas ideas tenían que ver con las barbies. éramos fanáticas de las barbies. nunca tuvimos otras muñecas, sólo barbies, y podíamos pasar horas encerradas jugando, hasta que nos venían a obligar a almorzar o a irnos a dormir de noche. aparte de que yo me acaparaba los mejores muebles, la mejor ropa y por supuesto tenia prioridad sobre el mejor ken de mi hermana más chica (y en segundo lugar elegía la del medio, o sea que la tercera armaba su casa de barbie al mejor estilo carpa, con unos trapos y alguna sobra que le dejábamos... sabíamos ser malignas mismo), a veces quería probar estilos nuevos con las barbies. obviamente que las primeras víctimas eran las de mis hermanas. así, durante mucho tiempo, mi hermana más chica tuvo que jugar con su barbie cuasi rapada. o con el pelo pintado con highlighter verde, o naranja (el pelirrojo era tan cool). y como me gustaba más el cuerpo de una barbie y la cabeza de otra, a veces intentaba hacer el experimento frankensteineano de intercambiarles los cráneos. y a no todas las barbies se les saca la cabeza... eso lo aprendí después de descocar a un par.

también en la estancia jugábamos a las barbies. y claro, el sinfín de locaciones era altamente tentador. entonces íbamos en la moto (sí, jugué hasta bien entrados los 14 años, y ahí las regalé muy reacia) hasta una cañada y ahí desplegábamos el universo barbie. lo malo era cuando la cañada tenía algas, y las barbies recibían un baño verde que les dejaba residuos eternos en el pelo. o si no, en la casa, no sé por qué, a un ken se le ocurría que tenía que subir una montaña. y la forma de que subiera era lanzándolo arriba del techo, y esperar que el hecho de que fuera a dos aguas lo hiciera bajar rápidamente cual tobogán. el problema era que las tejas detenían su descenso, y el que tenía que subir a rescatar al ken era papá. y a veces el ken volvía sin una pierna...

aparte de estas tempranas evidencias de una mente sin parangón, y del descubrimiento de las ventajas intrínsecas al factor de ser la mayor (otro día me descargo respecto a los defectos de esta circunstancia fraterna), una de mis innegables virtudes es tratar de hacer algo bueno por los demás, siempre. entonces así fue que un día se me ocurrió que podíamos darle una agradable sorpresa a papá mientras él estaba trabajando en el campo. como la pared del galpón era muy blanca, me pareció que unas obras de arte pintadas en ella sólo podrían alegrar los ojos de cualquier observador. fue así que las tres comenzamos a pintar, con tiza para marcar ovejas, una serie de dibujillos en la pared. me concentré mucho en diseñar una bandera de rampla, porque me parecía que a papá le iba a encantar ese símbolo del cuadro de sus amores desplegado allí. además, tenía tiza roja y tiza verde. no tenía mucha idea de cómo era la bandera, pero el dibujo era grande y colorido. en un momento veo que se aproximan unos hombres a caballo, entre ellos papá. me alejé a contemplar la obra. y algo me golpéo en el centro del cerebro, como cuando te viene una idea genial, pero al revés. no sé, de repente me di cuenta de que quizás no le iba a gustar mucho que hubiéramos pintarrajeado toda la pared impoluta. y agarré una manguera y empecé a echarle agua a los dibujos, haciendo que mis hermanas refregaran con unos cepillos. cuestión que la tiza de oveja está hecha para que las marcas en la lana NO se borren aunque llueva. así que el manchón borroneado de la bandera de rampla siguió marcado en la pared del galpón por muchos años. y me pusieron en penitencia.

después tuve otras ideas excelentes, con éxitos similares. hacer guerra de drypens es buenísimo, pero lo malo es que se destapan, y manchan los acolchados que usamos para armar las trincheras. también es divertido jugar en la casita en ruinas, pero no que te corten la ilusión del juego porque corrés peligro de derrumbe. y armar circuitos de recorrido para que compitan los hamsters es fabuloso, la pena es que hacen caca por todo el cuarto, y que los pobres bichitos prefieren suicidarse antes que estar en nuestras manos.

por si no se tradujo en este relato, debo decir que tuve una infancia muy feliz. las cagadas en ese entonces se solucionaban con una penitencia, y las barbies nos servían aún sin cabeza. todo era mucho pero mucho más simple.

lunes, 2 de agosto de 2010

feeling pretty (ugly)

nunca seré de las que se saben lindas. jamás voy a estar segura de cómo me queda un atuendo o cómo usar un accesorio. no sé producirme. hice un curso de automaquillaje en el que si me hubieran puesto nota, repetía. no sé cómo me queda mejor el pelo. me gusta jugar con la difusa frontera del ridículo, y generalmente me doy cuenta tarde de que hace rato crucé todos los límites. no sé disfrazar mis puntos débiles ni acentuar los fuertes, en realidad, ni siquiera sé cuáles son esos puntos. no tengo claro cómo posar en las fotos para salir favorecida. no entiendo cómo se llevan la mayoría de los cinturones. camino mal con tacos y siempre me siento peor vestida que las demás. me gustan demasiado los all star. me olvido de ponerme perfume. odio que la balanza me muestre lo que no quiero ver (la balanza por norma no proporciona alegrías, sólo angustias). a mis 23 años tengo dos canas bien blancas que me salen del medio de la cabeza. a veces me como las uñas, a veces me las pinto de amarillo flúo (que no brilla en la oscuridad) o de negro o de rojo oscuro o de violeta. igual nunca quedan bien porque no puedo evitar hacer enchastres. no me importa si se me ven los breteles del soutien, y nunca compro ropa pensando con qué combinarla. así me va.

en ocasiones, hago el intento de parecer una niña. si lo logro, por favor comuníquenmelo, así trato de seguir por ese camino.


domingo, 1 de agosto de 2010

jóvenes viejos


"when i realised, a lifetime had gone by"

me frustra en demasía la inactividad juvenil que domina montevideo. no hay lugares a donde salir, o hay los mismos dos o tres, donde todos se conocen y van a ver y ser vistos, a no poder bailar porque hay que crearse espacio vital a codazos, a esperar horas en el frío bajo cero para que aparezca el seguridad conocido que los deja entrar.

me deprime que mis amigos se queden en sus capullos y en general no tener con quién sacar la cabeza de abajo de la arena para asomarnos un rato a la vida nocturna (vida es un decir). y cuando tengo con quién, como ayer (gracias amigas geniales), el mundo conspira en nuestra contra para hacernos sentir no sólo viejas, sino además, totalmente faltas de glamour, feas y para nada top. y eso que trabajamos mucho en nuestra autoestima. pero cuando vas a un lugar y todos a tu alrededor tienen cara de niño, o vas a otro y parecés realmente zaparrastrosa porque los demás, si no son modelos de calvin klein, podrían serlo, entonces ni dan ganas de salir de casa. y si no, tenés que romper la chanchita para entrar a un lugar semi adecuado a la edad (semi porque igual el promedio son 20 años), donde de todas formas no te podés mover, y para bailar hay que acompasarse al ritmo de la masa, es decir, al del culo de la de inmediatamente al lado y la espalda del gordo de atrás, y rezá para que sea la espalda...

cuestión que haber visto la movida de otras ciudades (que son ciudades en serio, no como este juguete gris que es montevideo) me sirvió y no me sirvió. me sirvió para saber que hay vida en otros planetas. que hay una muy linda forma de ser joven y divertirse que nosotros no practicamos (por lo menos, la gente que conozco, los que se quedan encapullados). pero no me sirvió porque volver a esta frustración de tener que arrancar a la gente de sus casas es deprimente. yo sé ser la mejor de las abuelas, y dormir todo un fin de semana, no salir de casa, quedarme de piyama todo el día y ver televisión o leer o webear hasta que se me pudren los ojos. pero UN fin de semana. DOS, como mucho. ya al tercero, si no he visto a nadie más que a mi gato y de vez en cuando mis padres, me voy a empezar a preocupar.

no pido algo imposible, creo. sólo pido que mis amigos se den cuenta de que la juventud es ahora, no en 10 años cuando terminen de estudiar medicina. tampoco se es joven sólo en verano! porque es ridículo esperar nueve meses para uno o dos de vida de no-ancianos, en ese lapso ya me salieron canas. no soy muy optimista de que las cosas cambien, pero la esperanza es lo último que se pierde. mientras tanto, seguiré tratando de encontrar el lugar en donde me sienta no-tan-fea y age-appropriate, y organizando actividades sin quórum a ver si alguna vez alguien se enloquece un poquito a la par de mí.



y brindaré siempre por la noche europea, a ver si se nos contagia!