Haceme cielo. Hoy, ya, ahora. Haceme cielo y luz y nubes de fibra de vidrio. Haceme cartón corrugado, obra de arte, lienzo, papel. Haceme camino y señalética, carteles de pare sin respetar, destino. Haceme cielo, ya, hoy. Haceme infinito. Haceme un cóndor de origami en el que estén escritos tus misterios. Haceme pozo, socavame, desenterrame. Haceme hueco para rellenar de alma. Haceme fuego, quemate. Haceme sueños, dudas, ganas. Haceme sufrir, también. Haceme como si nadie me hubiera hecho antes y fuera la nada. Haceme desde los pies hasta el pelo, haceme de nuevo. Haceme sentir cosas, hierro, terremotos, hambre, rojo, paz, desolación de ausencia. Haceme herirte y lamerte. Haceme doler porque doler es hacer con un cincel más fino. Haceme morir. Haceme hielo y volveme charco y congelame otra vez, como si fuera nieve de montaña. Como si fuera desierto, haceme. Recorreme. Haceme feliz y haceme mierda. Haceme cielo, por favor. Haceme reír las mejores risas, las más sinceras. Haceme caer. Haceme adorarte. Haceme tener miedo a tu falta. Haceme desear, desearnos. Haceme creer que sí y comprobarlo, haceme paradigma, ecuación, descubrimiento. Haceme arrastrar y volar a la misma vez, como una especie insólita de ave gusano. Haceme bajar hasta esos sótanos donde guardás el infierno. Haceme cielo, ahora. Haceme un cuento de mentiras en las que sea inofensivo creer. Haceme claroscuro, elefante azul, niebla. Haceme un paraíso donde criar manzanos, cabras, rutinas. Haceme explotar. Haceme ninfa, gloria, espasmo, serpentina. Recoveco de ensueño. Placidez. Haceme cráter, agua de cañada, naufragio, cierzo o huracán. Haceme evolucionar, dormir sin ruido, apaciguame. Haceme grito, pólvora, cansancio. Haceme frágil, ósea, fiera, y también revolucionaria. Haceme ver secretos. Haceme cielo, o noche, o relámpago. Haceme fugaz si querés, pero haceme. Haceme sólida, profunda. Raíz de abrazo redondo. Haceme fruto y almendra y tormenta de verano. Haceme crecer como nadie, haceme estrella. Haceme enfermar de paz, de acostumbramiento a hacerme. Haceme manía, instinto, tripa y demencia. Haceme lágrimas, peces, ríos, perros, selva. Gato y pantera. Haceme deshojar, desvestir, desmadejame. Haceme respuesta. Haceme cielo, como puedas. Haceme confiar, mientras aprendo a soltarme. Haceme cielo. Haceme cielo o universo. Haceme música, oportunidad. Barro, conexión, recipiente. Esfuerzo y calidez. Haceme receptiva. Haceme arrecife y hogar, llename. Haceme tiempo, haceme tardar, haceme perderlo. Haceme hacerte. Pero no dejes de hacerme cielo. Aunque no sea azul. Aunque no sea eterno. Haceme cielo.
martes, 6 de noviembre de 2012
lunes, 5 de noviembre de 2012
domingo, 4 de noviembre de 2012
RIP
Las vacaciones deberían ser para descansar y recomponerse.
Mi cuerpo no lo entiende.
Si no fuera porque nos necesitamos mutuamente, hay veces en que lo mataría. Hoy por ejemplo.
Aunque no sé quién está matando a quién.
Mi cuerpo no lo entiende.
Si no fuera porque nos necesitamos mutuamente, hay veces en que lo mataría. Hoy por ejemplo.
Aunque no sé quién está matando a quién.
viernes, 2 de noviembre de 2012
Asesinato en el baño de la estancia
La vi cuando ya estábamos frente a frente. Ella avanzando por la bañera resbaladiza. Yo, arrinconada bajo la ducha. Mi posición era más ventajosa, y procuré atacarla maniobrando el agua, para que la avalancha líquida la empujara hacia el desagüe. No sucedió. Pensé en dejarla ir de alguna forma, pero no podía ser, era mi baño o ella, y por ende resolví atacarla más duramente. Agarré lo único que tenía a mano, el cepillito de uñas, y le asesté un golpe con la parte sin cerdas. No la maté. Se estremeció bastante. Volví a darle. Esta vez creo que la desarmé, pero aún no moría. Reventé unas veces más el cepillito contra su ya endeble cuerpo, doliéndome cada golpe, porque en el fondo no quería su muerte, sólo la liberación de mi ducha. Luego baldear sus restos fue fácil. Algunas patas se le separaron del tronco. Su existencia despedazada aterrizó en el desagüe y desapareció en las profundidades del sistema sanitario. Con respeto, vi cómo el remolino de espuma de shampoo saludaba su duelo, y la seguía hasta el mundo oscuro y desconocido a donde viajan el agua sucia, los pelos que se caen, y los cadáveres de arañas que nos sorprenden desnudas bajo el chorro de la ducha.
jueves, 1 de noviembre de 2012
Burnout
Me voy. Me voy a 500 kilómetros de la rutina, por tres días. Tres días es poco pero es lo que tengo para escapar. Hoy en día los escapes son controlados, con fecha de vencimiento. Este es el lujo que me puedo dar, que me quiero dar, que necesito. Como necesito comer o tomar agua. Preciso que mi cerebro respire hondo y descubra dónde está parado, porque viene funcionando a base de vértigo y cansancio. Claro que a la vuelta es más de lo mismo, y lo mismo me gusta, pero este pequeño intervalo de verde en un calendario en rojo me va a hacer intensamente feliz, creo. Quiero irme a donde más me encuentro, entre viento y balidos, barro, pasto y atardeceres. Alejarme y ver. O no ver nada, encerrarme en tres días de mí misma. No me importa. No quiero pensar. O sí quiero pensar. No sé. Me vienen a buscar en media hora, pero mi cabeza ya huele el campo.
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