miércoles, 6 de noviembre de 2013

Afuera

Hoy había muchísima gente sentada en la loma verde mirando cómo el horizonte de azoteas se tragaba al sol en frente a mi casa. Después vi al viento levantar una cantidad de hojas, riéndose del calor esquivo y torpe de esta primavera. El gato lloraba por salir al balcón y los autos zumbaban incesantes. Los adoquines recibían mis pasos nerviosos. Las plantas se movían alocadas. El cielo se burlaba de mi pelo lleno de remolinos. En el parque pintaban las lanchitas. El perro de la casa abandonada quería un mimo. La tarde también. La rueda gigante estaba quieta y el barco pirata dormía bajo una lona oscura. Las personas trotaban despreocupadas. Los semáforos colaboraron. Una ráfaga histérica se colaba por abajo de la puerta del baño y nadie se quiso terminar el chocolate. 

Todo eso afuera.  

martes, 5 de noviembre de 2013

Sigo sin saber


Ojalá uno mismo pudiera configurarse en un canal humano y encenderse así para siempre. Ojalá los recuerdos no se empañaran de humedad triste. Ojalá las canciones no lo dijeran todo. Ojalá fuera nítido y sencillo. Ojalá pudiéramos no doler.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Shithead

Hoy me hizo caca un pájaro en la cabeza. Así que lo que olía mal en el auto, lo que olía mal en el ascensor, lo que olía mal en mi cuarto, era yo misma. Porque la vida es un comediante frustrado y porque, sinceramente, me lo merecía. 

viernes, 1 de noviembre de 2013

Desgano

No quiero escribir. No tengo ganas. O capaz que no tengo ganas de que me lean todos. De que me escudriñen el alma y el humor, de que me adivinen indecisa y torpe, de que intuyan los miedos. No tengo ganas de estar enferma otra vez. No tengo ganas de ver ese auto celeste parado en la esquina de mi casa. No tengo ganas de pisar el barro del cantero central de Ricaldoni. No tengo ganas de pizza con poca salsa ni de empanadas llenas de aire. No tengo ganas de más oroflogol y omeprazol y supradyn forte. No tengo ganas de perderme la vida de afuera. No tengo ganas de estar insensible y bruta, agria, frustrada. No tengo ganas de estropearme las uñas recién pintadas. No tengo ganas de salir ni de quedarme en casa. No me gustan las películas que veo. No me entusiasma el libro. No me veo reflejada en el zoológico de las redes sociales. No entiendo de qué se ríe la gente ni por qué el taxista porteño estaba tan enojado con todo, o por qué el taxista brasilero en Buenos Aires nos llevaba enloquecidos con esa música de mierda. No entiendo por qué ya ni siento el deber de llenar estos posteos. No sé si me quiero esconder o enfrentar al mundo. No sé si soy mala o pésima en lo que hago. No tengo criterio. No tengo noción. No sé si caigo bien o como el culo. No sé cómo volver a enamorarme. No sé dónde dejé algunos recuerdos. No tengo ganas de que me digan lo que tengo que hacer, pero a veces es más cómodo que sólo me den instrucciones. No sé si alguna vez se me va a ocurrir una buena idea. No tengo ganas de seguir engordando ni tengo ganas de parar de comer. No tengo ganas de escribir esto ni tengo fuerzas y sólo lo hago para que no se muera del todo esta bitácora inútil de emociones que alguna vez concebí con ganas. Para que todos lean exactamente lo que tengan ganas de leer. Lo que yo no tuve ganas de decirles.