Tu risa en un audio, fresca y alegre. Tu boca en mi boca. El abrazo insospechado mientras lavo los platos. Vos, acostado ya con los ojos cerrados, pero diciéndome que todavía no apague la luz. Tu manera de encontrar el momento para decir las cosas. Tus ojos cansados que quiero besar. Tu cuerpo buscándome en dos metros de cama y tus brazos fuertes, tus abrazos fuertes. La manera en que Roque se acurruca contra tus piernas. La piel despierta muy tarde y muy temprano. Un salvajismo contenido, una ternura desaforada. Tu forma de acabar y que todo empiece de nuevo. Mis ganas de verte, reviviendo apenas te vas. Tu aparatosidad en la escalera mecánica versus tu desenvoltura en la cocina. Que la conversación surge sin frenos, con interés, con curiosidad. Las flores ahora son enredaderas acariciando a la máquina. Tu pelo que te tapa la oreja y yo me obstino en domar. Tu espalda firme, tu impulso y tu iniciativa. El tetris nuestro en la silla, en la puerta, en el sofá. El contenedor que parece un lugar seguro. Los textos al otro día como para decir presente en el archivo de nuestra breve memoria juntos. La franqueza y la naturalidad que tenés para decir las cosas. La forma de abrir el libro de tu vida, con sus páginas duras, con tu luminosidad. Las palabras que elegís para contarme de tus hijos. Tu entusiasmo que me sigue enamorando. Las ganas que me dan de callarte la boca de las maneras más diversas. Tu lado ingeniero y mi lado blando, chocando en un universo interesante. Lo que pienso al escucharte hablar. La reciprocidad que me llega y me llena, ese entendernos por ser bastante parecidos pero haber vivido diferente. Los libros que leés. El flan que cambió mi opinión de los flanes. Tu mochila en el comedor. Tu patio con suculentas, tu casa vivida y tu costumbre de cuidar el tiempo. Y algunas cosas más. El respeto cuando no coincidimos. La sorpresa de haberte encontrado. Eso que siento que no me cabe en el pecho cuando estamos en paz. El descubrimiento de cada día y las ganas de más.
martes, 14 de febrero de 2023
martes, 28 de junio de 2022
Pensé que ya no
Pensé que ya no
y que el control era mío.
Pensé que el camino era recto
y los árboles
iban a verme envejecer.
Pensé que la vida era simple
y un poco solitaria
pero ordenada, rica, plena.
No habría sobresaltos
ni miedo.
La calma de mi casa,
el gato durmiendo,
las plantas en cada habitación,
y algún un abrazo medido,
exacto,
para sortear el frío.
Pero mi pensamiento
fue desarmado
pregunta a pregunta.
Ya no es tan simple.
La calma es otra.
Lo exacto se desbordó.
Los árboles miran -sonriendo-
desde el frío
y el gato
duerme junto a tus pies.
Las cosas han llegado a este punto.
El plan falló.
Quizás la próxima pregunta
deshaga el nudo.
Y ahora
¿qué?
Y ahora
todo.
viernes, 17 de junio de 2022
Match
Primero pasaron horas. Pero fueron buenas horas. Quizás sí hubo análisis, diagnóstico, inspección. El vino amortiguó los filtros, pero la conversación los deshizo. Me caíste mejor que por chat. O fue que te hiciste real, no sé. Me pareciste lo suficientemente estructurado como para sentirme cómoda y lo suficientemente suelto como para considerarme desafiada.
Llevarte a tu casa era una apuesta. Funcionó, aunque nos hicimos esperar. Tu casa fue reveladora. El fuego de la estufa era eterno y tu gata era más cariñosa que vos. Un vaso que cae, un trajo añejo, un rato más. Hasta que por fin, un beso. Un beso que fueron muchos o que fue muy largo, y que nos desenroscó las vueltas para envolvernos en una rosca de manos y cuerpos y espaldas y ropa.
Me resultó fácil. Mejor que eso. Me resultó natural. Necesario, hambriento, inesperado y no. Nos tenía fe, pero me gustó más comprobarlo. Un lindo hallazgo al final del sábado. El principio de un descubrimiento. No sé quien tuvo más el control. No importaba, creo. Tu cama era el centro del mundo y tu sonrisa me hacía reír. Quedó todo pendiente y a la vez, nada.
Quiero verte mejor. Quiero tener más tiempo. Quiero sentirte adentro y alrededor. Acariciarte fuerte, morderte lento y ver hacia dónde podemos ir sin ir a ninguna parte. Sin presas ni flechas, con ternura y rabia. Dialogando sin hablar o hablando todo, durmiendo de a ratos, encendidos. Que no sepamos donde termina cada cuerpo ni qué horas son.
Lamento no tener tantas versiones de esta historia en mi cabeza. Tengo flashes, rastros de piel, un par de ideas. Tengo intriga y ganas. También tengo paciencia. Después, lo demás, está todo por hacerse.
viernes, 10 de junio de 2022
Sueños diferidos
Una vez que abrís los ojos, no podés cerrarlos.
Una vez que corre la tinta, ya quedaste expuesta.
Entonces no queda otra que seguir escribiendo.
Dejar salir lo que todas queremos decir, pero quizás no sabíamos.
Dejar de estar cómoda para ser útil.
Dejar de estar ciega para ser libre.
Y escribir como meta, como conjuro.
Para doler juntas. Para doler menos. Para cambiar todo.
O para tocar algo, aunque sea pequeño.
Lo que amo
El pasto al atardecer, oloroso y fresco.
El silencio nunca completo.
Las lluvias de verano.
La silueta de mi padre pinchando el horizonte.
Las manos de mi madre podando el jardín.
Los gatitos salvajes.
La estufa y afuera la noche.
La piscina que envuelve la casa.
El calor acuchillando la tarde.
La parra pesada, el aire por todos lados.
Y los pasos de mi yegua, cortando el tiempo.