dejé que el agua me lavara el cuerpo, pero no me pudo lavar las ideas. lo recordé en todo su esplendor, siempre su lado bueno, su parte maravillosa. la magia que fue nuestra. ya no me interesa lo malo, lo que nos destruyó, lo que nos separó al final (y muchas veces desde el principio). ya sé que no desapareció, pero no es con lo que lo asocio. a veces dudo recordando su cara, pero no su olor, ni la sensación de su abrazo, ni su mano fuerte aprentando la mía.
me sorprendió este dolor solitario, tardío, pero profundo y fresco. me sorprendió la punzada de amargura cuando vi que el perfume que me regaló se está por terminar. me sorprendieron las lágrimas, inútiles ya, que mojan las sábanas. no sé por qué lo extrañé tanto justo hoy, frente al espejo. pensé que era fuerte, y que ya no me afectaba de esta manera. creía que siempre iba a estar un poco vivo en mí, pero que iba a dejar de doler pronto.
no sé con qué quedarme. si con ese instante de recuerdo mágico, que pretende hacerle justicia a lo mejor de lo que fuimos. o con la nostalgia inminente que lo sigue, el saber que ya no más, el abrazo que falta. o si debo secarme las lágrimas, hacer de cuenta que aquí no pasó nada, y seguir convenciéndome de que lo olvidé.
(creo que la tumba de tu y yo siempre tendrá mis flores)
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