quién diría que un año después de ese día iba a estar en la piscina de la complutense, como una madrileña más, tostándome al sol con dos amigos, charlando de la vida y de las cosas con que nos hemos ido encontrando en este proceso fermental. quién diría que me estaría asombrando de tanto topless en plena piscina universitaria, de la cantidad de sungas atroces y de la abundancia de gays. quién diría que tendría amigos de verdad en este rincón del mundo, que habría descubierto lo que es volver a querer a alguien aunque me haya dado cuenta tarde, que me sentiría cómoda viviendo con dos personas a las que llegué a través de internet, y que tendría una especie de familia a la que visitar una vez por semana.
quién diría también que me iba a dar cuenta de que las cosas no son muy fáciles, especialmente conseguir trabajo, y que me iba a convertir en un ser casi sociable, que se anima a salir al frente y desafía al ridículo de mil y una maneras, que anda por ahí mordiendo a profesores, haciéndose notar en facebook y golpeando puertas, generalmente sin respuesta, pero con tenacidad y orgullo. quién diría que iba a conocer lugares como parís, turquía, roma, marruecos, barcelona, grecia, portugal, lanzarote y otros varios rincones de españa. quién diría que estaría escribiendo esto, con la piel oliendo a cloro, después de comer un platazo de pasta con tomate fresco y queso, después de haber tomado una cocacola en una terracita en buena compañía, con el futuro todavía incierto, el corazón un poco roto, el alma algo desesperanzada, pero renovando la promesa que tengo conmigo misma de sacarle el mayor provecho a la vida, toque lo que toque, y cambiando la actitud triste por un abrazo al verano, a las ganas de hacer cosas y a la misión de revivir siempre el entusiasmo.
quién hubiera pensado que la yo que pisó madrid, hace un año, iba a crecer en madrid, y en todas partes, y ser la yo que ahora soy, y que creo es más fuerte y un pelín más sabia, que ha recibido algún que otro baño de humildad, más de una bendición, y recolectado en el proceso cuatro o cinco enseñanzas de esas que hay que encuadrar para tenerlas siempre presentes. aquel 23 de junio que aterricé en madrid marcó el principio de una época removedora. este 23 de junio marca un día feliz y una reafirmación de que todo esto vale la pena.
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