martes, 15 de noviembre de 2016

Fede

Vamos a leer tus palabras para llenar tu silencio.
Y no va a alcanzar.

domingo, 7 de agosto de 2016

Capaz

Capaz que es el hecho de vivir sola o de crecer o de acercarme a los treinta o de viajar o de dejar atrás cosas o de vivir episodios de lo más raros que merecen ser escritos. De alguna manera vuelvo a estar acá, frente a vos y a mí misma, haciéndonos saber que sigo con ganas de contar historias. Con una mirada un poco escéptica y un poco esperanzada a la vez, si eso es posible, y con más ganas que nunca de irme por un desagüe de palabras. Con pereza, también, y el engranaje seco y las manos vagas y la mente volátil y los ojos torpes. Pero tengámonos paciencia que algo va a salir.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Vos dormís

Vos dormís y yo te miro y de paso pienso si en ese sueño tuyo estoy yo. Porque no estamos nosotros. Estoy yo o vos en función de mí o yo alrededor tuyo, pero no estamos los dos como un algo universal. Sí como individualidades que de vez en cuando se pliegan pero que no se mezclan. Entes autónomos. Líneas de tiempo que se cruzan en un beso pero no trascienden. No somos un plural. No sé qué somos. A veces somos nada más que la suma circunstancial de un par de esencias. A veces ni eso. 

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Ansiedad

De golpe vivimos en un mundo en el que hay gente que cree sensato explotarse en mil fragmentos para matar a otros. No importa a quién, solo importa causar daño en beneficio de una mentalidad ciega. Las flores se pudren consolando víctimas. Las velas se apagan. Las bombas caen. La sangre se borra con la próxima lluvia. En medio de eso hay que besarse y comer y dormir y mirar reality shows. Vivir como si entendiéramos algo de la vida. Como si estuviera claro qué mierda estamos haciendo acá, tan lejos unos de otros.

Hay gente pariendo ahora mismo. Traen bebés a este vértigo con olor a guerra y a inocencia. Hay gente robando o pintando con acuarelas. Alguien se masturba frente a una pantalla, alguien ronca, alguien llora, alguien cocina lentejas. Nos volvemos invisibles en la calle pero todos nos ven en facebook. Nos persigue un archivo creciente de vergüenza. Nada se entierra excepto esos cuerpos que parecen trapos. Y la basura.

Todo cansa y a la vez no podemos quedarnos quietos. El silencio es incómodo y el ruido no se soporta. Desaparecieron los puntos medios. Reflexionamos en bloques de dos minutos máximo y por supuesto que nos salteamos los avisos. Cuando alguien, por un segundo o dos, nos convence de que estamos siendo felices, apretamos el botón de pausa. Conmoverse es de débiles. Comprometerse es de giles. Los valientes se difuminan entre noticias estúpidas que llamamos virales y que sentimos la obligación de conocer.

Vemos tanto que nos olvidamos de sentir cosas. No vibramos ya. Queremos correr hacia ninguna parte. No hay tiempo de pensar por qué ni dónde ni si vamos a volver. No hay tiempo de nada más que de extrañar el tiempo que se nos fue extrañando lo que fuimos. Respiramos sin paz y sin remedio. Recorremos círculos. Morimos cuadrados.