Se acaba el año y en la Ciudad Vieja pocos trabajaron hoy. El informativo muestra las calles sepultadas bajo hojas de agenda y papelitos, y la gente que corre para no ser empapada por los baldazos de agua que tiran desde los edificios. Todo bien con el festejo, pero convierten la ciudad en un basural. Sólo el agua sería más lúdico y menos enchastre.
Además, no sé por qué, hoy la intendencia decidió que no abrían las cajas, por ende todos los trámites que requieren algún tipo de pago (o sea, todos los trámites) no podían gestionarse. Así que sigo sin tener libreta para manejar. Y después de hacer tiempo durante dos horas con Steve Jobs en el McDonald`s de la peatonal Sarandí, me fui hasta la Caja Profesional que abría 12.15, pero claro, los funcionarios habían decidido hacer paro y asamblea, así que me quedé sin inscribirme ahí también. Supongo que unos días más de retraso a los ya alrededor de 400 que llevo desde que mi madre retiró mi título de Licenciada no van a hacer mucha diferencia. Pero el hecho de que todo funcione tan para atrás es lo que más me molesta.
Así que me voy al campo sin libreta y bastante saturada de esta pelotudez que tiene el país encima. No creo que nada cambie en el 2012, sólo cruzo los dedos para que algún día pueda terminar mis putos trámites.
Feliz fin de año Uruguay, aunque hace rato que estás para la joda...
viernes, 30 de diciembre de 2011
jueves, 29 de diciembre de 2011
monotevideo
Aquí estoy, otra noche más en Mvd. Comiéndome poco a poco el libro de Steve Jobs (el libro sobre Steve Jobs más bien), sin laptop propia hasta nuevo aviso, y para variar, con la panza a reventar por otra cena con amigos. Pero algo ha cambiado: ahora tengo cédula de identidad así que casi vuelvo a ser un ser humano. Espero que mañana sea una homo sapiens completa cuando consiga la libreta de manejar, me apunte en la caja profesional, y el médico me diga qué diantres tengo en la rodilla.
Todavía queda mucho para hacer antes de embarcarme al verano, mañana a medianoche, en un bus directo a la loma del orto, entiéndase por tal el paraje Diego Lamas, en pleno corazón de Artigas. Tengo ganas de ese otro tipo de soledad, poblada de ruiditos campestres, sol abrasador y siestas. Y si de a ratos comparto un paseo en camioneta, una tarde de alero o una vuelta a caballo con alguien de mi familia, no creo que necesite mucho más.
El tiempo deja de importar por esos lados. Y quién soy yo también.
Todavía queda mucho para hacer antes de embarcarme al verano, mañana a medianoche, en un bus directo a la loma del orto, entiéndase por tal el paraje Diego Lamas, en pleno corazón de Artigas. Tengo ganas de ese otro tipo de soledad, poblada de ruiditos campestres, sol abrasador y siestas. Y si de a ratos comparto un paseo en camioneta, una tarde de alero o una vuelta a caballo con alguien de mi familia, no creo que necesite mucho más.
El tiempo deja de importar por esos lados. Y quién soy yo también.
miércoles, 28 de diciembre de 2011
welcome to the tercer world
No es que ahora que viví un tiempo en Europa me siento indigna de vivir en este país. Para nada. Siempre amé el Uruguay y no reniego de dónde soy, de hecho agradezco haber nacido donde naci y podido conocer tanto de este rinconcito de América del Sur. Adoro profundamente lo que es esta tierra y la gente que la puebla. Me gusta nuestro idioma y congenio bien con la idiosincracia. Me alegro de vivir en Montevideo y sobre todo de poder escapar cada tanto hacia el interior profundo. Y durante todos estos meses extrañé cada día lo que significa tener a mano el Río de la Plata, el campo y la calidez de ser poquitos y conocernos tanto. Lo que no significa que me vuelva ciega frente al estado calamitoso en que se encuentra Montevideo, e inmune al sentimiento de inseguridad perpetua que parece inundarlo todo.
Hoy visité a mi ahijada de la Fundacion Niños con Alas en su casita en La Teja, más bien en un barrio que se llama Tres Ombúes. La familia había reformado la casa, cambiando las habitaciones, que estaban al frente, por la cocina y el salón, porque decían que día por medio había disparos, y que se sentían más seguros durmiendo en el fondo. Apenas tienen recursos para los gastos más básicos, pero habían tenido que comprar una especie de puerta con rejas para proteger la nueva zona de estar.
Yo nunca he andado por la vida con miedo a que me roben. No soy de las que cruzan la calle cuando ven a alguien "con fea pinta" en la misma vereda. Me niego a ir por mi propia ciudad esperando a que alguien me apunte con una navaja y me arrebate la cartera. Pero desde que llegué, no hacen más que contarme historias de ese tipo. Asi que ahora estoy como esperando que me pase algo. Y es patético vivir asi.
Mi padre se ha cansado de arreglar los vidrios reventados del auto, las puertas forzadas, hasta le robaron los documentos del vehículo, sólo para hacer daño. Mi hermana parece que va con un imán pidiendo asaltos, porque todas las semanas tiene algún encuentro extraño en el que le sacan alguna cosa. La señora que trabaja en casa tuvo que mudarse después de que le desvalijaran todo el apartamento más de una vez. Y así sucesivamente.
Además, el centro de Montevideo da un poco de miedo. Los edificios están más grises que nunca, más abandonados, tétricos, feos. Las calles acumulan papeles, colillas, chicles, fruta podrida, bolsas de plástico. El tráfico es un maniático desorden, y siguen pululando los carritos tirados por caballos, o por personas, que se asoman en cada contenedor de basura. Las mafias de pibes de dudosa calaña atosigan a los conductores en cada semáforo. Básicamente te lavan el vidrio a prepo. Y a la gente en general la veo más pobre, más descuidada, más tercermundista que nunca. Y eso que yo no me considero nada exquisita. Pero todo parece ir bastante en decadencia. Lo gris se hace más gris, y hay espacios de negrura extrema.
Me encanta mi país, mi ciudad, mi casa. Pero veo que en un año casi nada ha mejorado, y en cambio todo parece ir peor. Con ritmo ágil, nos encaminamos al subdesarrollo sin escalas.
martes, 27 de diciembre de 2011
setenta y ocho
Si yo llego a vivir esa cantidad de años, me consideraré bastante longeva. Si encima los vivo tan fructíferos y ricos como mi abuelo, creo que me consideraré afortunada. Si además los festejo rodeada por mi familia, soplando una vela hundida en mousse de dulce de leche y brindando por unos cuantos años más, creo que no necesitaré nada extra. Y si todavía tengo ganas de aprender a usar un ipad, la consciencia clara como un cristal y el cuerpo me responde para seguir jugando al tenis, me sentiré feliz.
Chin-chín por muchos años más de ejemplo, Gran Papá.
Chin-chín por muchos años más de ejemplo, Gran Papá.
lunes, 26 de diciembre de 2011
letanía
El blog está un poco olvidado sí. No es abandonado la palabra. Es olvidado porque no hay rutinas, y escribir ha perdido el espacio geotemporal que tenía en mi vida. Ahora sigue siendo una necesidad, pero no encuentro cuándo desagotarla. Y a la hora que lo encuentro, estoy muy cansada.
Mi tío quiere que empiece una novela autobiográfica. No le dije que ya lo intenté, y que me salió una mierda que fui incapaz de terminar. Escribir una novela es quizás uno de los objetivos más importantes de mi vida. Creo que va a llegar en algún momento, pero ahora no me sale. Tengo que poder contar otra historia que no sea la mía, y no sé cómo encarar eso.
El blog, mientras tanto, sirve para que la escritura no muera. La única consigna es escribir algo cada día. Hay épocas florecientes. Hay otras de duro trajinar. Hay otras agónicas. Olvidadas, como esta. Ya llegarán nuevas cosas que decir, y sabré dejarlas mejor dichas. De momento, esto parece ser lo que hay.
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