martes, 18 de diciembre de 2012

Tristecidad

Libreta diseñada por Paul Dansen

Estuve releyendo mis últimos posts. Creo que reflejan bien lo que me pasa, lo que pasa por mí, lo que no puede pasar, lo que no deja de pasarme. Es un enredo fenomenal de contradicciones. Por un lado todo lo mágico, por otro, todo lo triste. Las complicaciones. Los miedos. La desazón. La esperanza que se tambalea a cada rato. Y ahí, haciendo fuerza, la magia otra vez.  

Así que es una constante tristeza feliz, o una felicidad triste permanente que pesa sobre todo. De repente me ilusiono y de repente veo todo tan oscuro y largo y lento y difícil que pienso que lo mejor sería dejarnos en paz. Que abdicar sería una solución acertada. Especialmente porque mi posibilidad de acción es tan reducida. Puedo esperar, puedo recibir migajas, puedo quedarme en mi rincón aguardando que haya algún momento para mí. Pero no puedo ir a buscar nada. 

Nunca tuve tan poco margen ni me paré en un lugar tan impotente. No tengo miedo porque por ahora es algo inviable. Tengo pena, y me alegro cuando disfruto los instantes porque siempre son mejor que nada. Voy a tener miedo si en algún momento ese panorama se vuelve factible. Por la responsabilidad que encierra. Por la felicidad que promete. Porque a la misma vez, ese miedo es deseable. Es un miedo tierno, que asoma cada tanto entre las palabras. Como una idea intangible, hecha de espuma, hecha de sueños. O sea, como un futuro. Algo maravilloso y aterrador. 

No quiero llenar el blog de posts melancólicos. Pero es lo que tengo, es lo que me sale aunque de a ratos esté levitando. La mayoría del rato no lo estoy. Estoy pensando en abdicar. Estoy debatiéndome. Estoy desgarrándome un poco. Estoy sintiendo demasiadas cosas para lo que puedo demostrar. Estoy echando en falta rutinas que no tengo. Estoy doliéndome. Explotando. Necesitándolo todo. 

Un día voy a renunciar, pero no va a ser hoy. Hoy sigo acá. Hoy te quiero. 

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